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«Atienza en la Palestra». A propósito de la presentación de la colección en la FIL 2025

Por: Félix Morales Luna
Profesor de Filosofía del Derecho de la PUCP

Desde que el cantautor cubano, Silvio Rodríguez, los incluyera como introducción a su hermosa canción Sueño con Serpientes, los versos del poeta alemán Bertolt Brecht se popularizaron y se volvieron una referencia inevitable para aludir a los grandes personajes, a sus obras y hazañas, y me permito parafrasearlos para referirme al autor de esta colección, el jurista Manuel Atienza.

Hay juristas que escriben un artículo, y son buenos;
Hay otros que escriben muchos artículos, y son mejores;
Hay otros que escriben un libro, y son muy buenos;
Pero hay otros que escriben muchos libros que forman colecciones;
esos, son los imprescindibles.

Manuel Atienza es un autor imprescindible porque, aunque aún siga desarrollando su producción académica, ya es un clásico. Según Norberto Bobbio, un autor clásico es un auténtico intérprete de su tiempo, siempre actual, y cuyas teorías son utilizadas para comprender la realidad. Atienza se hizo un clásico de tanto leer a los clásicos, de tanto pensar y discutir con ellos, de tanto formar a otros en su estudio.

 

Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante

En el Derecho las grandes teorías no surgen de alguna idea brillante, que llega por una súbita inspiración o serendipia, sino que requieren un largo camino de esfuerzo, estudio y disciplina, y sin duda también de inspiración (aunque como siempre lo recuerda Atienza citando a Picasso, “la inspiración existe, pero debe pillarte trabajando”). A quienes hemos tenido la fortuna de ser formados en su escuela, Atienza nos insiste en la necesidad de leer a los clásicos, y recomienda elaborar tesis sobre el pensamiento de alguno de ellos, por ser una investigación sumamente formativa, pues nos inserta y nos hace parte de una tradición intelectual, que nos permite entender mejor el sentido del Derecho

Los ensayos de Atienza reunidos en esta colección se pueden ver como una página más de una gran obra colectiva, escrita junto con los demás clásicos jurídicos (una novela en cadena diría Dworkin) sobre lo que el Derecho es, o cómo debemos entender que es, con el fin de concretar mejor las finalidades por las que lo tenemos. Atienza absorbe ese saber estudiado por años, lo integra y actualiza, descartando lo superado y destacando lo útil y necesario, combinándolo con nuevos enfoques, como el argumentativo, para potenciar a los operadores de la práctica jurídica, en particular a los jueces, en su desafío de trabajar con el Derecho de los estados constitucionales, que cuentan con una alta carga de contenidos sustantivos en sociedades con una creciente exigencia de justicia.

 

Presentación de la colección «Atienza en la Palestra en la FIL Lima 2025. En la foto: Dra. Emilia Bustamante Oyague, Dr. Félix Morales Luna, Dr. Roger Rodríguez Santander y Dr. Pedro Grández Castro.

Sin embargo, su condición de clásico no debe llevarnos a ponerlo en un marco y situarlo en la galería de grandes juristas, a quienes solo se les estudia en las aulas o se les cita para adornar algún escrito. La obra de Atienza tiene una vocación práctica, está pensada para servir a quien trabaja con el Derecho, obligándole a pensar sobre lo que hace, con el fin de que lo haga mejor. Atienza concibe a la filosofía del Derecho, y sobre todo a quienes se dedican a ella, como personas capaces de ayudar a otra gente, juristas o no, abriéndoles nuevas perspectivas, y haciéndoles ver las cosas desde nuevos ángulos. Y al hacerlo no descuida la elevada misión de nuestra profesión con la sociedad. En sus palabras: “no concibo una filosofía del Derecho (de la que merezca la pena ocuparse) que no aspire de alguna forma a la transformación social, a la construcción de un tipo de organización colectiva en la que los individuos puedan desarrollar una vida buena”.

La feliz iniciativa de la editorial Palestra y de los editores de la colección Josep Aguiló, Pedro Grandez y Rafael Buzón, reúne ensayos de Atienza sobre temas centrales de la teoría y filosofía del Derecho y la pone a disposición de los lectores, pero no para que sean pasivos receptores de alguna verdad o conocimiento esclarecido. Atienza no nos habla desde un estrado o predica desde un púlpito. Atienza está en la palestra, lo que supone situarlo en un lugar donde se discute o donde se organiza una controversia. Es como Atienza entiende el Derecho, como una práctica argumentativa, que exige una constante reflexión sobre el sentido que tiene para quienes participamos de ella. Nos exige confrontar posiciones y sostenerlas con argumentos, con el fin de hacer ver al Derecho desde su mejor luz, y desde ahí proyectar la respuesta correcta a los casos difíciles.

De ahí el interesante diseño de cada uno de los libros de la colección, que no solo contiene la posición del autor sobre el tema presentado, sino que incluye un debate con especialistas, ofreciéndole al lector una presentación completa y contrastada del tema en cuestión, con el fin de que asuma su propia posición en la discusión. Es un diseño desafiante en tiempos en los que los algoritmos solo nos dan la información que sabe que compartimos, depurando aquello que la contradiga, alimentando así un falso convencimiento de que siempre tenemos la verdad y la razón de nuestro lado, pero solo porque no vemos más que las ideas que van en la línea de lo que ya pensamos. La colección es una exigente apuesta por el debate racional. Es como Atienza concibe la generación del conocimiento, y es el modelo que replica la célebre mesa de discusión en el seminario que dirige en el departamento de filosofía del derecho de la Universidad de Alicante. 

El tercer volumen de la colección, sobre el que quisiera hacer un breve comentario, se titula “La dogmática jurídica como tecno-praxis”. En él, Atienza destaca la necesidad de repensar la dogmática jurídica, aclarando su confuso estatus epistemológico, pues pretende ser una ciencia, pero no se comporta como tal, y no lo hace porque no puede ser tal. Tanto su objeto (que son enunciados de deber-ser) como su función (comprender el Derecho para orientar a mejorar el trabajo con sus normas) dificulta, si no imposibilita, otorgarle credenciales científicas, lo que no le resta ni valor ni utilidad. No necesitamos un saber que nos sirva para hacer ciencia, sino uno que nos sirva para hacer justicia. Incluso su propio nombre resulta problemático, pues se presenta como una actividad que prácticamente sacraliza las normas que estudia para asumirlas como dogmas.

Y por mirar hacia un ideal imposible de ciencia, la dogmática ha vivido de espaldas a su misión: servir como técnica dentro de una práctica social orientada hacia valores. Por ello, Atienza propone concebir la dogmática jurídica como una particular combinación de técnica social y filosofía moral y política; como una fusión de la razón instrumental y la razón práctica. Pero hay un obstáculo que impide abrazar plenamente este objetivo: el formalismo jurídico, actitud extendida en nuestra cultura jurídica que, entre otras cosas, aísla el saber jurídico de los restantes saberes sociales y es reticente a incorporar nuevos enfoques y métodos, enfatizando la función lógica y neutral de la dogmática, a costa de su carácter práctico y su vinculación y compromiso con valores morales y políticos. El desafío está planteado; resta involucrarnos en la discusión y tomar posición, pero siempre con las debidas razones.

Podemos estar o no de acuerdo con Atienza, pero sus ideas no nos pueden dejar indiferentes. No le sigamos o rechacemos por pura emotividad, hagámoslo con razones. ¡Sapere aude!, exclamaba Kant, exigiéndonos valor para usar la propia razón, reclamo que haría suyo Atienza, con el fin de recuperar una idea del Derecho basado en la razón y no solo en el poder.

“Podemos hacer más”, dice Atienza con ilusión en el título de uno de sus libros, donde nos propone otra forma de pensar el Derecho. Debemos tomarnos en serio el Derecho y sus derechos, y enfrentar con firmeza y responsabilidad la misión de hablar desde sus normas, buscando realizar la mayor justicia posible dentro de lo que permita el marco normativo. Ni formalistas que reducen el Derecho a la literalidad de las reglas, ni justicieros que olvidan sus límites institucionales.

El Derecho se ha ampliado para acoger exigencias morales en la forma de principios jurídicos, lo que nos obliga a repensar muchas de las categorías en las que nos reconocemos, para adaptarlas al nuevo diseño jurídico de los estados constitucionales. La colección nos presenta ese esfuerzo de Atienza y nos invita a formar parte del debate orientado a reflexionar sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos, porque poder hacer más, porque resulta imperativo.

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